ACOSO AL PAPA FRANCISCO

Es evidente la aceptación generalizada con que ha sido acogido el nuevo papa, debido ello sobre todo a la sencillez de su estilo de vida y a la claridad de su lenguaje a la hora de hablar de las cuestiones que aborda o de responder a las preguntas que le hacen los periodistas, algunas de mucha actualidad e interés. Todo ello le hizo muy cercano a la gente. Por el lugar que ocupa y por su peculiar personalidad puede que el papa Francisco sea el personaje con mayor autoridad moral del mundo.

Sin embargo no todos, tanto dentro como fuera de la iglesia, están al lado del Papa. Recoger toda la oposición que ha generado y señalar quiénes son los que manejan los hilos del rechazo al actual obispo de Roma, creo que no tiene demasiada importancia. Todos los que seguimos más o menos de cerca la marcha de la Iglesia-Institución somos sabedores de ello. Quizás el momento álgido, por la categoría de sus autores, fue la publicación del libro Permanecer en la verdad de Cristo, firmado por los cardenales Müller, De Paolis, Bradmuller, Cafarra y Burke, arremetiendo contra el también cardenal Walter Kasper. El objeto de este pretencioso libro era mostrar su oposición a que se admitiese a la comunión a los divorciados vueltos a casar, tema que está todavía bajo la consideración del sínodo sobre la familia aún no clausurado. Muchos son los que pensamos que el papa de la misericordia es proclive a dar el paso de posibilitar que no sea un obstáculo la referida situación para acercarse a la comunión en la celebración de la eucaristía. Por ello, también se cree que el libro supone un enfrentamiento de los cinco cardenales mencionados al mismo papa Francisco. Seguramente que los mismos se rasgarían las vestiduras si un grupo de cardenales se hubiesen opuesto a alguna iniciativa de Juan Pablo II o de Benedicto XVI, habiendo razones suficientes para ello.

Calificaba antes el libro de “pretencioso” porque lo da a entender el mismo título, pues parece que son ellos, y sólo ellos, los poseedores de la verdad de Cristo, situando a los que opinasen de modo distinto fuera del cristianismo, fuesen quienes fuesen. ¿Incluso el mismo papa? A la verdad de Dios, igual que a la verdad cristiana, no se puede llegar ayudados sólo de la luz de la “razón cristiana”, sino que es necesario también apoyarse en “el amor cristiano”. (Ver nº 272 de la Ex. E.G. donde se citan palabras de Benedicto XVI). Esto quiere decir que a los grandes intelectuales se les puede hacer inalcanzable la verdad sobre Dios y sobre lo que éste quiere del ser humano, si carecen de la luz que aporta al conocimiento el amor. Quienes se muestran tan severos en el juicio y rechazo a los demás son sospechosos de estar medio ciegos al faltarles un enfoque misericordioso, fruto del amor, a analizar los comportamientos humanos, tal como creo que sucede al querer impedir que comulguen los divorciados que luego se han casado.

A propósito de la oposición al papa Francisco, el teólogo Andrés Torres Queiruga publica un artículo, El papa pastor frente al restauracionismo preconciliar, (Web de Iglesia Viva, que lo toma del nº 190 de Encrucillada –Noviembre-Diciembre 2014),  saliendo en defensa del papa, al que parece que algunos tildan de no tener la debida categoría intelectual teológica. Al respecto, Queiruga dice que el papa Francisco está adornado con una excepcional “sabiduría teológica”…, “que no sólo vive y practica sino que está decidido a promoverla en la Iglesia”. Una muestra de su sabiduría es que centra su quehacer de papa en el servicio pastoral y en predicar ante todo los valores evangélicos. Ciertamente, es en ellos donde en primer lugar hemos de buscar y encontrar la verdad de Cristo. Y mejor sin mediaciones filosóficas, pues, pasado el tiempo, su función instrumental desaparece y lo que hacen, ya fuera de contexto,  es más bien oscurecer el camino hacia la verdad cristiana. El papa Francisco muestra su profunda sabiduría cuando nos dice en  la E.G. nº 35 que el anuncio misionero del evangelio ha de concentrarse en lo esencial, que es al mismo tiempo lo más necesario: el amor de Dios manifestado en Jesucristo. De otro modo corremos el peligro de estar anunciando “algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener “olor a Evangelio”. (E.G. nº 29). Es lo que les ocurre a muchos teólogos dogmáticos o moralistas de laboratorio.

José Mª Castillo, en una de sus entregas, también habla de los desacuerdos con el papa en estos términos: “Se dice en Roma, y en medio mundo, que el Papa Francisco está soportando un fuerte enfrentamiento, que, según fuentes autorizadas, tiene sus raíces y sus protagonistas en la misma ciudad, en el mismo Estado donde el Papa vive y desde el que Francisco gobierna a la Iglesia universal…  Lo que sucede, en este momento, es que no se trata de que hay personas o grupos que no están de acuerdo con el Papa. El problema está en que se trata de personas o grupos que atacan al Papa. No es lo mismo el ‘desacuerdo’ que el ‘ataque’. El desacuerdo se basa en la “diferencia”, lo que es inevitable y, en muchos casos, enteramente lógico. El ataque, sin embargo, no se limita a expresar la diferencia. Porque el que ataca a otro, lo que en realidad pretende es que el otro cambie. Y si no cambia, que se quite de en medio, o sea, que se vaya a otra parte.” La situación, pues, tiene su gravedad y no podemos quedar al margen quienes hemos visto que el nuevo papa podía sacar a Ia Iglesia de su letargo y hacer que su presencia en el mundo influyese en él, como la levadura en la masa.

Haciéndose eco de las críticas y rechazos al papa Francisco, últimamente el cardenal Walter Kasper ha escrito un pequeño libro, “EL PAPA FRANCISCO, Revolución de la ternura y el amor. Raíces teológicas y perspectivas pastorales”, editado en castellano por Sal Terrae, cuya doble finalidad él mismo señala: “aproximarnos teológicamente al ‘fenómeno Francisco’ e iluminar en alguna medida el trasfondo y contenido teológico de este pontificado, poniendo de manifiesto las nuevas perspectivas que se abren” (pág. 21).

En el libro citado del cardenal Kasper, resalta el rechazo a este papa afirmando que, a pesar de su extraordinaria aceptación mundial: “no faltan, sin embargo, voces críticas que dicen: este papa no nos gusta, porque gusta demasiado. Entretanto, las reservas y las críticas, abiertas o también disimuladas, han aumentado en algunos medios de comunicación y ciberportales, incluso en algunos círculos de la Iglesia… Al fin y al cabo no son pocos los que no se fían del todo del nuevo entusiasmo, se ejercitan en la cautela distinguidamente expectante y, a la vista de la avanzada edad del papa, quieren más o menos dejar pasar este pontificado. Lo que para la mayoría se antoja una nueva primavera es para ellos una ola de frío pasajera; no un nuevo comienzo, sino un incidente”. (Pág. 20). Leyendo este párrafo podemos ver los distintos grupos y las diferentes maneras de rechazar o criticar al papa, según percibe este cardenal, al que hemos de suponer bien informado.

Con este libro W. Kasper da la cara en defensa del papa Francisco, haciendo ver, efectivamente, la novedosa frescura que él ha supuesto para la Iglesia, pero al mismo tiempo señalando que está dentro de toda una tradición de la Iglesia, retomando algunos aspectos subrayados por el concilio Vaticano II que habían quedado en el olvido. Y lo que es más importante: este papa lo que sobre todo quiere es una vuelta al Evangelio de Jesús, haciendo de las Bienaventuranzas el programa de su pontificado e indicando al mismo tiempo que éste ha de ser el camino que hemos de seguir no sólo individualmente los católicos, sino la Iglesia misma como institución, que ha de ser, también ella, pobre y para los pobres.

¿Cómo puede ser lo señalado causa del rechazo al papa Francisco? Ello es explicable, pues, por una parte, lo que quedó en el olvido del Vaticano II durante el largo período que abarca Juan Pablo II-Benedicto XVI no fue casual, sino debido a una postura ideológica precisa tomada por los dirigentes eclesiásticos del momento. Retomar esos “olvidos” les tiene que resultar molesto a algunos. Por otra parte, como señala el autor del libro, “el recuerdo del Evangelio y su eterna novedad también es siempre, sin embargo, un recuerdo peligroso. Cuestiona y llama a la conversión y reorientación”. (Pág. 21). Esto de pedir cambio a los bien instalados en la Iglesia no les debe resultar gracioso. Como tampoco querer que el programa de la Iglesia esté inspirado en las Bienaventuranzas, lo que implica que ha de ser una Iglesia pobre y para los pobres. Querer una Iglesia pobre era un verdadero incordio para los satisfechos, para los vividores, para los instalados, que viven cómodamente en las poltronas eclesiásticas que interesadamente defienden, obstaculizando la transformación que pide el papa Francisco. Y querer una Iglesia para los pobres, entre otras cosas, es reavivar en ella el rescoldo profético que la instará a salir en su defensa, denunciando a los responsables de tanta pobreza que hay en el mundo. La Iglesia, temen algunos, perderá el apoyo de los poderosos, en los que algunos siempre quieren apoyarse “para el bien de la Iglesia”. Pero hay que señalar que esta pretensión del papa Francisco “que a algunos incomoda hasta el punto de alzar la voz contra él”, (Pag. 130) está en consonancia con la gran tradición de la Iglesia, recogida por todas las encíclicas sociales desde la Rerum Novarum de León XIII (1891) hasta la Caritas in Veritate de Benedicto XVI (2009).

Estas afirmaciones resultan extremadamente llamativas: ¿cómo es posible que pueda ser visto como peligroso, tal como afirma el cardenal Kasper, para un católico, y máxime si fueran clérigos, querer que la Iglesia mire ante todo al Evangelio, que es Jesús mismo, para tenerlo como principal referencia? ¿Cómo es posible que a algunos incomode una Iglesia pobre y para los pobres, habiéndose Jesús identificándose con ellos en la parábola del Juicio Final?

También parece que, incomprensiblemente, es un motivo de rechazo el “discurso del papa sobre la misericordia, que a algunos les resulta sospechoso”… “pues ven en la misericordia una suerte de ‘suavizante’ que vacía de contenido los dogmas y mandamientos y deroga el significado central y fundamental de la verdad”. (Pág. 57). Pero, ¿cómo la misericordia va a poner en cuestión la verdad o los mandamientos?  Eso es teológicamente absurdo. Precisamente es desde la misericordia como podemos llegar a la verdad de Dios y a una recta interpretación de los mandamientos.

Este programa del nuevo papa: una Iglesia pobre y para los pobres, puede hacer creer a algunos que lo enmarca dentro de la Teología de la Liberación, tan denostada y rechazada en los ambientes curiales durante los dos anteriores pontificados. Por ello, el cardenal Kasper quiere dejar claro la distancia que hay entre el nuevo papa y esta Teología. Lo hace en el capítulo 3 de su libro. La teología que ha influido en el papa Francisco, a través del argentino Lucio Gera, parte de un análisis histórico de la cultura del pueblo, al que une una ética común. Se concede una gran importancia a la religiosidad del pueblo y se guía por el pensamiento de la armonía, la paz y la reconciliación y no por la lucha de clases. Al papa se le puede situar dentro de la llamada Teología Popular, que lo que quiere es escuchar la sabiduría del pueblo, concediéndole gran importancia a la religiosidad popular. (Pág. 34).

Presiento que Kasper, en su intento de defensa del papa Francisco, le pareció necesario hacer estos comentarios de distanciamiento del papa Francisco respecto a la Teología de la Liberación. Desde luego, nunca a Bergoglio se le incluyó antes dentro de esta corriente teológica y desde luego tampoco se puede decir que hoy lo esté,  pero en su Exhortación La alegría del Evangelio, hace muchas afirmaciones nada distantes de quienes se alimentan en un pensamiento teológico liberador. A muchos, esta cercanía nos ha resultado reconfortante y alentadora, pues creemos que la Teología de la Liberación es una muy buena manera de anunciar el mensaje del evangelio a  la gente sencilla, sobre todo si están sufriendo una situación de explotación o represión. Leyendo en La alegría del Evangelio sus contundentes denuncias sociales, sus noes a una economía de la exclusión, a la nueva idolatría del dinero, a un dinero que gobierna en lugar de servir, a la inequidad que genera violencia…, nos ha acercado a una Iglesia de la que nos estábamos alejando cada vez más. En esta exhortación del papa nos parecía ver a una Iglesia totalmente distinta.

Pero, también nosotros nos preguntamos, como hace el cardenal Kasper: “¿Impulsará Francisco realmente una gran reforma? ¿O decepcionará su pontificado las expectativas?... ¿conseguirá el papa, como pretende, impulsar un proceso que llegue más allá de su pontificado y resulte irreversible? ¿O se quedará este pontificado en un breve capítulo intermedio de la historia de la Iglesia? Tales preguntas no pueden responderse humanamente. Nadie puede prever el futuro ni verle las cartas al Espíritu de Dios. La respuesta no depende sólo del papa. Depende así mismo de si –y en caso de respuesta afirmativa hasta qué punto-los miembros de la Curia Romana, las Iglesias locales, las órdenes y congregaciones religiosas, los movimientos, las asociaciones, las facultades y escuelas superiores de teología y muchos cristianos a título individual hacen suyos o no los impulsos del pontífice. No podemos recostarnos sin más en el sillón y decir: esperemos a ver qué trae consigo el nuevo papa. Hemos de atrevernos a salir de nuestros respectivos hoyos y a ponernos en camino e incluso esprintar. Todos debemos tener claro: “yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo”. (Págs. 130-131). Walter Kasper nos invita a todos a implicarnos al lado del papa para hacer que su pontificado sea realmente impactante y consiga un cambio de rumbo en la Iglesia. Es lo que he pretendido hacer en esta breve reflexión, terminándola con una invitación a los lectores a participar en cualquier acción de acompañamiento y apoyo al papa Francisco.

José María Álvarez.